
Sabemos que la endodoncia de por sí puede ser muy pero que muy complicada, pero lo cierto es que hay días que uno preferiría no haber conocido a tal o cual paciente del que transcurridos unos meses desde realizada su endodoncia, aun seguimos acordándonos…. En realidad, la mayoría de las ocasiones no es culpa de ellos, vienen AL DENTISTA, ese gran enemigo que desde siempre, al igual que el hombre del saco, aparecía en sus pesadillas infantiles. A pesar de su involuntariedad hay veces que no puedo más que mirar al techo y encomendarme a JOB…
- El paciente acaba de sentarse, y tras 20 minutos de empezada la endodoncia, ya comienza a bufar y preguntar (¿Cuánto falta?).
- Dr. no puedo respirar huelo mucho a lejía!!
- Le recomendamos al paciente que vamos a usar un microscopio para hacer la endodoncia y que debe quedarse lo más quieto posible para no desenfocarnos el campo de visión (a los pocos minutos comienzan a girar la cabeza o incluso incorporarse un poco porque “padece” de cervicales).
- Has salvado su diente tras una hora de complicado tratamiento pero al terminar, el paciente nos dice: “vaya suplicio, si lo sé no me hago la endodoncia, me la hubiera sacado y habría terminado antes…” (volvemos a mirar al techo…).
- En ocasiones basta con que toquemos un poco la lengua del paciente para que este amenace con vomitar súbitamente…
- Supongo que desear que los pacientes tengan “buzones” en lugar de bocas, es mucho pedir, pero ¿no lo pensáis cuando el paciente tiene las típicas mejillas enormes, apenas abre la boca, y nos espera una temible endodoncia en un segundo molar superior?
- A veces creo que el fenómeno de calcificación pulpar lo inventó un chamán con el objetivo de hacernos vudú o mal de ojo…
- Ay, ay! ay!. Pero, ¿le duele?. No, no me duele….
- Y quién no se ha mordido el labio después de haber puesto cuidadosamente el dique de goma, haber sellado alrededor de la grapa con un material aislante, reconstruimos la pared que falta con obturación provisional, y en un arrebato el paciente se incorpora como alma que lleva el diablo diciendo que no puede respirar y se quita el dique de un plumazo? O lo que es peor, no se lo quita y vomita (sí, me ha pasado).
En definitiva, tratamos pacientes, probablemente llamados así porque es un sufrimiento someterse a un procedimiento médico, es necesaria mucha paciencia para ello, para soportar las molestias que ello supone, sin embargo… a veces los pacientes somos nosotros…