Casos clínicos → Elemental, mi querido Watson…
Nuestro paciente referido de hoy desea salvar su pieza a toda costa, pero sobre todo, eliminar la molestia contínua de exudado purulento que presenta en episodios esporádicos. Endodoncia de 24 años de antigüedad, coronada, con perno metálico corto. En las radiografías observamos una gran área radiolúcida que rodea el ápice, ligamento periodontal ensanchado y una fístula a nivel del tercio medio con episodios inflamatorios. La exploración periodontal revela un sondaje mayor de 10 mm por vestibular y de 5-6mm por lingual.
Esta es la historia dental que presenta esta pieza, y como nos gusta ser los salvadores de los pacientes, los “superdoctores”, se nos nubla la vista con el pensamiento erróneo de que vamos a salvar esa pieza a pesar de las evidencias claras de fisura radicular. A veces los indicios son claros, pero nos empeñamos en negarlos, o como diría algún que otro apóstol, “si no lo veo, no lo creo”, así que decidimos certificar la fisura radicular realizando un colgajo exploratorio, antes de la extracción de la pieza.
La historia terminó en exodoncia lógicamente…
















































